03 noviembre 2011

WILLIAM SHAKESPEARE, HAMLET














LA TRAGEDIA DE HAMLET, PRÍNCIPE DE DINAMARCA
ARGUMENTO:

Tras la muerte del rey de Dinamarca a manos de su hermano Claudio, el asesino, sin respetar la costumbre, se casa con la reina viuda Gertrudis.

La reina en Hamlet por Edwin Austin Abbey



La muerte de su padre no es asumida por el príncipe Hamlet, que rechaza la nueva boda de su madre la reina.

El espectro del padre se aparece a Hamlet en la muralla del castillo de Elsinore y le cuenta las circunstancias de su muerte y pide venganza.
Hamlet por William Morris Hunt

Hamlet promete obedecer y planea su venganza, pero su naturaleza melancólica le hace irresoluto y le obliga a diferir la acción; mientras tanto se finge loco para evitar la sospecha de que él pueda constituir una amenaza para la vida del nuevo rey. 

Se cree que ha  enloquecido por  el amor de Ofelia, hija del chambelán Polonio, a la que, habiendo cortejado  con anterioridad, trata ahora cruelmente.
Ofelia y Laertes por William Gorman Wills


Más tarde, en una discusión con su madre y al observar el movimiento de una cortina, apuñala a Polonio el gran chambelán de la corte, que se hallaba escondido en las habitaciones reales.



El rey Claudio, decidido a hacer desaparecer a Hamlet, le envía a Inglaterra con Rosencrantz y Guildenstern, pero unos piratas capturan a Hamlet y lo devuelven a Dinamarca.

A su llegada encuentra que Ofelia, loca de dolor, se ha ahogado.


Ofelia por John Everett Millais


El hermano de la muchacha, Laertes, ha vuelto para vengar la muerte de su padre Polonio. 


El rey Claudio, aparentemente, quiere apaciguarlos e induce a Hamlet y a Laertes a rivalizar, no en un duelo, sino en una partida de armas que selle el perdón.
Pero a Laertes le dan una espada con punta y envenenada. 


Hamlet es traspasado, pero antes de morir hiere mortalmente a Laertes y mata al rey, mientras  la reina Gertrudis bebe la copa envenenada que estaba destinada para su hijo Hamlet. 
Hamlet mata al rey Claudio por  Gustave Moreau

El drama concluye con la llegada del puro Fortinbrás, príncipe de Noruega, que se convierte en soberano del reino.

DOS ESCENAS FAMOSAS DE HAMLET


Entre las escenas más famosas, figuran la del monólogo de Hamlet (acto III, escena 1ª) que empieza con el célebre verso: Ser o no ser, esa es la cuestión.


HAMLET:


Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.


O la conocida escena en el cementerio, donde Hamlet hace consideraciones sobre la calavera de Yorick, bufón del rey.

Hamlet y Horatio por Delacroix





1er. ENTERRADOR.- ...Esta calavera, señor, es la de Yorick, el bufón del Rey.

HAMLET. (Toma la calavera).- ¿Ésta?

1er. ENTERRADOR.- Esa misma.

HAMLET.- ¡Ay, pobre Yorick! Yo lo conocí, Horacio... Era un hombre sumamente gracioso y de la más fecunda imaginación. Me acuerdo que siendo yo niño me llevó miles de veces sobre sus hombros; ¡Y ahora su vista me llena de horror! Y mi pecho se agita. Aquí estuvieron aquellos labios que yo besé muchas veces. ¿Dónde están ahora tus burlas, tus brincos, tus canciones, y aquellos chistes brillantes que animaban la mesa con alegre estrépito? ¿No te burlas ahora de tu propia sonrisa? ¿Se te han caído completamente los músculos? Entra en el tocador de alguna dama y dile que, por más que se ponga una gruesa capa de pintura en el rostro, llegará a tener esta apariencia. Haz que se ría de eso... Horacio, dime una cosa.

HORACIO.- ¿Qué cosa, mi señor?

HAMLET.- ¿Piensas que Alejandro tuvo esta apariencia debajo de la tierra?

HORACIO.- Creo que sí.

HAMLET.- ¿Y olería así? ¡Uf! (Pone la calavera en el suelo).

HORACIO.- De la misma manera, mi señor.

HAMLET.- ¡A qué bajos usos regresaremos, Horacio! ¿Por qué no podrá la imaginación seguir las ilustres cenizas de Alejandro hasta encontrarlas tapando la boca de algún barril?

HORACIO.- Sería considerado muy extraño pensar de esa manera.

HAMLET.- No, por mi fe que no; sólo hay que llegar hasta allá con modestia y sin violencia alguna. Como si dijéramos: Alejandro murió, Alejandro fue sepultado, Alejandro se convirtió en polvo, el polvo es tierra y de la tierra hacemos barro. ¿Y por qué este barro, en que fue convertido, no habrá podido tapar un barril de cerveza? El gran César, muerto y convertido en barro, puede tapar un agujero para impedir que pase el aire. ¡Oh! ¡Aquella tierra que tuvo atemorizado al mundo, servirá de resane a una pared que proteja contra el viento invernal! ... Pero espera, ¡espera un momento! Aquí llegan el Rey, la Reina y los cortesanos.



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