22 octubre 2014

ROMANCE DE LA INFANTINA ENCANTADA


Lamia de John William Waterhouse.


EL TEMA DE LA INFANTINA ENCANTADA

El Romance de la infantina encantada es un romance medieval con muchas variantes en todo el sur de Europa.

Cuenta el tema de la doncella que se aparece de noche a un caballero y está relacionado con las actuales leyendas urbanas en torno a la llamada chica de la curva que se aparece a los automovilistas que viajan de noche.

Por otra parte el personaje de la infantina encantada enlaza con la seductora figura mitológica de la Lamia griega que en Asturias se asimila con las Xanas.


Lamia y el soldado de John William Waterhouse

ROMANCE DE LA INFANTINA ENCANTADA 

A cazar va el caballero, 
a cazar como solía,
los perros lleva cansados, 
el halcón perdido había:
andando, se le hizo noche 
en una oscura montiña.
Sentárase al pie de un roble,
el más alto que allí había:
el troncón tenía de oro, 
las ramas de plata fina;
levantando más los ojos, 
vio cosa de maravilla:
en la más altita rama 
viera estar una infantina;
cabellos de su cabeza 
con peine de oro partía, 
y del lado que los parte, 
toda la rama cubrían; 
la luz de sus claros ojos 
todo el monte esclarecía.
-No te espantes, caballero, 
ni tengas tamaña grima;
hija soy yo del gran rey 

de la reina de Hungría; 
hadáronme siete hadas 
en brazos de mi madrina;
que quedase por siete años 
hadada en esta montiña.
Hoy hace los siete años, 
mañana se cumple el día;
espéresme, caballero, 
llévesme en tu compañía.
-Esperéisme vos, señora, 
hasta mañana, ese día;
madre vieja tengo en casa, 
buen consejo me daría.
La niña le despidiera 
de enojo y malenconía:
-¡Oh, mal haya el caballero 
que al encanto no servía;
vase a tomar buen consejo, 
y deja sola la niña!
Ya volvía el caballero, 
muy buen consejo traía;
busca la montiña toda, 
ni halló roble, ni halló niña;
va corriendo, va llamando, 
la niña no respondía.
Tendió los ojos al lejos, 
vio tan gran caballería;
duques, condes y señores 
por aquellos campos iban;
llevaban la linda infanta, 
que era ya cumplido el día.
El triste del caballero 
por muerto en tierra caía.
y desque en sí hubo tornado, 
mano a la espada metía:
"Quien pierde lo que yo pierdo, 
¿qué pena no merecía?
¡Yo haré justicia en mí mismo, 
 aquí acabará mi vida!"

Anónimo






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